Esa soy yo
No existe en el mundo otra persona como yo, ¿sabes? Tampoco existe otra sonrisa como la tuya, que me haga sentir que soy fuerte, que puedo con todo. Pero bueno, ese es otro tema. Vagueo 25 horas al día y pienso en ti más de lo que es bueno. Me gusta el 43 y el Vodka, pero si bebo es para verte dos veces. ¿Loca yo? Por favor, me ofendes. Simplemente tengo los huevos de ser como soy y no como quieren que sea. ¿Quieres hablar de mí? Hazlo, pero ya que presumes de valentía, mejor que sea a la cara. Estoy harta de personas que van de mucho y no llegan a nada, estoy harta de personas que prometen ser tan importantes como el universo y al final no llegan ni a un soplo de aire fresco. Me gusta ser así. Vivir la vida al máximo. Reírme de los momentos malos que pasé. Llorar hasta hartarme cuando mi vida está patas arriba. Y después sacar fuerzas de donde sea para levantarme del suelo y volver a dar guerra. Enrollarme con los mejores chicos de la ciudad. Tener un carné falso para entrar en cualquier lugar. Fumar y evadirme en el humo. Emborracharme hasta no acordarme de como me llamo. Tener los tacones más altos del país y acabar volviendo a casa descalza. Ser la princesa de tus sueños y la reina de mi vida. Quiero todo lo que sea imposible de tener. En resumen, quiero tener el mundo a mis pies. Pienso que en la vida si no te arriesgas no vives, y por eso un día decidí tirar los miedos por el balcón y empezar a ser la loca que sonríe 25 horas al día, la que improvisa porque odia los planes, la que canta en medio de un montón de gente aunque desafine, a la que no le importa bailar en medio de la calle. Esa soy yo, y si no te gusta, ahí tienes la puerta.
29 febrero 2012
Esta mañana desayunaba con prisas para no perder el autobús, he acercado el vaso de Cola cao a mi boca, y entonces el olor a coco que minutos antes me había echado por las muñecas, me ha llevado al verano pasado. Concretamente unos días antes del verano, aquel final de junio. Desde ese instante, me he sentido transportada durante toda la mañana a aquel banco que hicimos nuestro, sentía que tú me abrazabas mientras me decías al oído que me ibas a echar de menos, que me llamarías cada día, que querías que me acordara de ti en la playa. ¿Te acuerdas? Parece una tontería, pero mientras en la pizarra aparecían fórmulas de trigonometría, yo podía sentir tus dedos enredándose en mi pelo, tu respiración en mi oído, tus labios en mi cuello. Fueron unos días buenos, tal vez más que eso, pero todo tiene su final. Y aquí estoy ahora, chutándome recuerdos con olor a coco, con olor a amor.
28 febrero 2012
¿Qué haría por sacarte una sonrisa? Sería capaz de coger una pluma del pájaro más bonito y hacerte cosquillas con ella, de aprenderme todos los chistes que existen y averiguar cual es tu favorito, de buscar a la persona con la risa más contagiosa del mundo, para que no pudieras resistirte y tuvieras que reír. Bajaría todas las estrellas del cielo y me las pondría de corona para que tú, con esa sonrisa tuya, me dijeras que no necesito una corona para ser tu princesa. Contrataría al peor mago que encontrara para que cada vez que se equivocara en un truco, me hicieras perderme en tu sonrisa. Y si nada de esto funciona, probaré a coger tus manos, las pondré sobre tu cara y dibujaré con ellas una sonrisa, o las pondré en mi cintura y te daré un beso, de esos que hacen que se pare el tiempo, porque a veces, no hay nada mejor que dejarse llevar.
27 febrero 2012
- Hola Luna. Te hablo a ti porque últimamente no encuentro a nadie que me quiera escuchar. ¿Sabes? No me extraña. Tengo unos cambios de humor más propios de una persona bipolar que de una chica de mi edad. No sé quién soy ni tampoco quién quiero ser. Estudio lo que puedo, vagueo más de lo que es bueno. La música me entiende, no sé como lo hace, pero mi Ipod siempre tiene la canción oportuna. Cuando leo intento sentirme la protagonista de la historia, aunque sé perfectamente que no hay un 'Noa' esperando a enamorarse de mí. También sé que es probable que si quiero que haya un graffiti para mí, tendré que pintarlo yo misma, algo tipo: 'Yo y mi ego a 3 metros sobre el cielo'. A veces soy la persona más borde que te puedas imaginar. Quizás lo compenso con las sonrisas que saco a la gente cuando tiene ganas de llorar. Puede que me agobie demasiado aunque intente evitarlo, pero las situaciones de estos últimos meses me superan. Me gustaría que hubiera alguien que me entendiera un poco más de lo que me entiendo yo, que cambiara mis dudas por un 'juntos podemos', que borrara mis días de mal humor del calendario, que hiciera mi vida más fácil o que al menos me ayudara a superar todos estos obstáculos. No digo que no haya gente que lo haga, claro que la hay, y jamás podré agradecerles todo lo que han hecho y siguen haciendo por mí. Pero quizás necesito algo más, unos brazos cuando caiga, un hombro en el que llorar, unos labios que se peguen a los míos. Espero que sepas a qué me refiero, aunque puede que no lo sepa ni yo. Aquí me despido amiga, gracias por escucharme, volveré pronto. Patricia.
23 febrero 2012
A veces las cosas no salen como queremos. Para que engañarnos, la mayoría de las veces salen al contrario de como esperabamos. Si queremos que pase el tiempo, parecerá que el reloj se ha parado. Si necesitamos que todo vaya rápido, el mundo entero se ralentizará. Nuestra película favorita y el programa que nos tiene enganchados, será a la misma hora. Si quieres empezar una dieta, abrirán un restaurante enfrente de tu casa que desprenda olor a patatas fritas. Internet se caerá cuando tengas que mandar un trabajo importante. La cámara de fotos se quedará sin batería cuando vayas a echar la mejor foto de la noche. El chico que te quiera no te gustará, y el que te tenga loca tendrá novia. Cuánto más te arregles a menos gente te encontrarás, pero si vas como si te hubiera pasado por encima un huracán ten por seguro que te saludará más gente que cualquier otro día. El aleatorio decidirá hacer sonar las canciones más tristes cuantas más ganas tengas de llorar. Así es la vida. Déjate llevar, sonríe ante los imprevistos y recuerda que las mejores cosas son las que no están planeadas.
21 febrero 2012
18 febrero 2012
Estoy harta de oír cosas como: no sabes lo que quieres, piensas demasiado en la fiesta, mira bien con quién andas, o te has equivocado. ¿Sabes lo que pienso de todo eso? Pues para empezar, claro que no sé lo que quiero. Soy una chica de casi 16 años, ¿qué esperabas? Mi vida ha dado tantas vueltas y he caído tanto, que del mareo que tengo, me conformo con alguien que me agarre de la mano y me diga que no me va a dejar caer más. ¿Has dicho fiesta? La vida debería ser como una fiesta: reír, bailar, pasarlo bien, conocer gente, no arrepentirte jamás de lo que has hecho, simplemente, seguir bailando. También sé que no toda la gente que me rodea es sincera, posiblemente la gran mayoría se irán en mis malos momentos. Pero soy feliz con esa minoría, con esa gente que cuento con los dedos de una mano, que me dan abrazos cuando siento que me hundo, que pintan sonrisas entre mis lágrimas, que siempre han estado cuando les he necesitado, que nunca me han dado la espalda. El resto no son más que personajes secundarios que decoran mi vida, para bien o para mal. Y sí, claro que me equivoco. Probablemente más de lo común. He tomado muchas decisiones que me han hecho sufrir, y todavía me quedan muchas más. He dejado que me afectara lo que la gente pensaba de mí. Me he dejado influenciar. Pero no me arrepiento. Si no hubiera pasado por todo eso, ahora mismo no estaría aquí.
17 febrero 2012
Y hoy miro atrás y veo todo lo que he perdido con el tiempo, veo a toda esa gente que un día formó parte de mi vida y que hoy no está, miles de recuerdos que se amontonan en mi mente mezclados con una sensación de nostalgia. Por un lado recuerdo aquellas amistades que se degastaron por el tiempo y la distancia, quizás me arrepiento de no haber luchado un poco más por seguir pero también sé que cada persona debe elegir su camino. Por otro lado me acuerdo de las decepciones que me he llevado con esa gente que un día me prometió estar ahí para todo y de aquel siempre del que ya no queda ni los restos. También recuerdo que a veces fui yo la que me equivoqué, que fui la que falló a aquella gente que tanto quería. Pero a pesar de las decepciones hay que reconocer que los recuerdos no se borran de un día para otro, que por mucho que queramos no podemos hacerlos desaparecer. Pero aquellas cosas que antes parecían un mundo, con el tiempo dejan de ser tan importantes.
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